jueves, 9 de febrero de 2017

SAN MATEO Y LA VIEJA ENCINA

    Llevo tiempo rondando el establecerme en un Club Lector pero no veía el momento. ¿Por qué? Muy sencillo. No es que esté encasillado en lecturas, pero siempre leo lo que quiero y me recomiendan. Estando en un club lector creo que será más fácil acudir a otros estilos y autores, y así de paso enriquecerme un poco más.
     Ayer di el paso y el club no es otro que el de la Biblioteca Miguel Hernández, la de mi pueblo, como no podía ser de otra forma. La Vieja Encina, que así se llama, me dará ese punto que me obligará a leer autores nuevos y estilos diferentes a los que estaba acostumbrado.
    La primera prueba ha sido mi propia novela. Sin conocerlos se la propuse, aceptaron y al ataque. Fue un placer destripar mi trabajo, desde la primera hasta la última página. Tengo que reconocer que fue un salto al vacío, pues el descomponer una novela lo puede ser para bien o para mal.
    El resultado fue muy satisfactorio, aunque sí que siempre se saca algún que otro fleco descosido. Me quedo con que el libro fue acabado por todos los miembros del club, y que a todos les agradó y pasaron con el un buen rato. Cierto es que me hubiese gustado entrar un poco más en la cuestión final del libro, su moraleja que no es otra que pensar que un mundo más justo es posible, pero éramos muchos y el tiempo vuela. Lo dicho, que sigo feliz por hacer reír a la gente y sobre todo porque seguimos creciendo en este mundillo literario.

 
PD. Los cuencos que se ven en la foto son pastel de carnaval. Estaba buenísimo y eso, que no sólo de pan vive el hombre.

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