"El mundo de la tarántula" ha sido, para mí, uno de los mejores libros que he leído este año. Bien es cierto que siendo su autor, Pablo Carbonell, uno de esos artistas que ha marcado mi trayectoria cerebral era fácil que le otorgase dicho galardón.
Sabía de su existencia, pero claro, tenía miedo a comprarlo. ¿Por qué? Nunca me han gustado las biografías, y tampoco me he interesado por la vida privada de aquellos a los que admiro. Los artistas te gustan o no te gustan, y lo que hagan en sus ratos libres no es de nuestra incumbencia, aunque haya programas de tv y revistas que se empeñen en ello y "artistas" que se empeñen encarecidamente en salir en tv o revistas ofreciendo su vida por cuatro perras.
El caso es que a principios de este verano me planté en Madrid para presentar mi novela, "San Mateo del Romeral (Dios me libre)" y al llegar a la librería donde se iba a celebrar el exitoso evento (no vino nadie) entré y lo primero que vi fue mi libro junto al de Pablo Carbonell. No me pude resistir y me lo compré. Este libro fue el culpable de que mi presentación acabara en números deficitarios.
Lo ojeé y al ver algunos de los titulares de sus capítulos y las dedicatorias sabía que no me iba a defraudar. No me equivoqué.
Yo me siento un afortunado por haber nacido en los setenta y poder vivir lo que pude de los ochenta. Nos conformábamos con poco y eso nos hacía felices, y parte de ese poco era "La Bola de Cristal", un programa lleno de ingenio. En esa emisión aparecían Pablo junto al difunto Pedro Reyes. Después llegó otra manera de hacer música con "Los Toreros Muertos", películas, solista, actor, director... en fin, que Pablo es sinónimo de "polifacético".
Fue un placer redescubrir a este artista, pero del libro me quedo con el cariño que trata los escasos y cortos diálogos con su padre, el amor con el que habla de su hermana, con la sinceridad que habla de sus amigos, enemigos y de sí mismo, pero por encima de todo me quedo con la suerte de poder conocer mejor otra biografía que está encubierta en esta obra, y no es otra que la de su hermano Pedro Reyes, al que he admirado por igual. Será por eso que mi próxima novela irá dedicado a ellos dos, conjuntamente con Emilio Aragón Jr. Ellos hicieron que creciera entre risas.
Gracias por ser una mala influencia.

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