viernes, 2 de diciembre de 2016

EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

     El otro día falleció a los 96 años la persona que sufrió la condena más larga durante la etapa franquista, el poeta Marcos Ana (Fernando Macarro Castillo). Si hubiese muerto fusilado, como fue su destino en varias ocasiones, nos hubiéramos perdido a este poeta, y cuando digo perdido lo digo en la totalidad de su palabra. Le encasquetaron delitos por los que compañeros suyos ya habían sido fusilados y aún no había escrito nada.
     No quiero destapar la losa de la Guerra Civil, pero murieron muchos anónimos, y Marcos Ana estaba condenado a ser uno de ellos, pero la vida de dio una oportunidad y la aprovechó, no perdió el tiempo durante sus años de presidio. Leyó a Federico y a Miguel Hernández de manera clandestina. Tuvo la oportunidad de conocer al Quijote, y entre letra va y letra viene le dio por escribir. Bendito impulso.
     Conoció a presos de nombre y se fue influenciando aunque era muy difícil conseguir desarrollar su afición a la palabra. Escondía sus escritos en tubos de pasta de dientes y se los entregaba a su familia y así poco a poco fue desarrollando sus poemas y escritos.
     No me las voy a dar de cultureta, pues yo conozco a este poeta gracias a una canción de Extremoduro, en una de sus canciones más intimas y acústica (seguro que a muchos os pasa lo mismo), pero el fin justifica los medios y no tengo por más que dar gracias a Roberto Iniesta por acercarme a este personaje y a su obra.
 
Descanse en paz y libertad.

 

     La única venganza a la que aspiro es a ver triunfantes los nobles ideales de libertad y justicia social, por los que hemos luchado y por los que millares de demócratas españoles perdieron la libertad o su vida. Marcos Ana.

FELIZ FIN DE SEMANA

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