Hace ya un añito que comencé esta aventura de editar un libro, y sólo tengo palabras de agradecimiento para todos los que me habéis acompañado en este camino. Me siento abrumado de tanta buena crítica, de tanto apoyo, de haber llegado a una 2º edición..., por lo que no me queda otra (y es una responsabilidad) que seguir creando personajes y mundos nuevos.
Pero no quiero olvidarme de la verdadera fuente de inspiración, el Centro Federico García Lorca.
Por hacer una breve introducción, decir que a mí nunca me ha gustado la poesía (tampoco me gustaba la radio parlante y el vino, y ahora escucho tertulias y me gusta degustar el zumo de uva fermentado), pero por el contrario había leído sobre Federico, su obra y su vida. Supongo que eso de ser paisano atrae.
Cuando me llamaron para trabajar en el centro que albergaría el legado del poeta me sentí muy orgulloso de poder contribuir con semejante proyecto, pero lo que jamás me podría imaginar era que allí nacería parte de mi obra.
El Coloso de Hormigón va a Velocidad de Crucero, se decía en prensa y radio. Todo estaba preparado para que en 2009 llegase el legado, pero de repente mi encargado me daba instrucciones de que eso no se toca, eso está pendiente de pago, eso no se mira, y nos vemos los dos solos dentro de aquellos muros blancos y en pleno centro de Granada. Comenzamos a inventarnos la tarea para pasar el día hasta la llegada de los vigilantes nocturnos y pronto me quedé solo, solo durante casi doce horas, cuidando del enorme centro y con la simple faena de vigilar para evitar su deterioro.
A mí siempre me ha gustado escribir, y era un sueño que incubé desde mi más tierna adolescencia, pero claro, el ritmo de vida, la sociedad y sobre todo la falta de tiempo habían mermado esa afición. Escribir un libro no es fácil, sobre todo por el tiempo que necesita. En el centro Lorca me dio tiempo de escribir cuatro novelas y varios relatos infantiles, siempre con la conciencia tranquila de que mi trabajo allí se cumplía con creces. Encontré la paz y el tiempo que una novela requiere.
Y así, bajo la sombra de la Torre de la Catedral de Granada y escuchando a un sinfín de músicos callejeros se fue forjando San Mateo del Romeral.
El ahora recién fallecido, Leonar Cohen, dedicó su premio Príncipe de Asturias a Federico, porque sus libros lo habían hecho crear de otra manera (más o menos), y yo tendré que dedicarlo al Centro Lorca y a todos aquellos que contribuyeron a que yo disfrutase del tiempo requerido para crear a Mateo, Justino, Macario, Marcelino, Isidro Montes, Carita de Ángel, La Chimenea...
PD. A día de hoy, el legado del poeta más universal sigue sin llegar a Granada. Espero que no se demore mucho más.
GRACIAS A TODOS Y FELIZ DOMINGO
No hay comentarios:
Publicar un comentario